Breve ensayo acerca de "La voz de una mujer..." ¿Qué es una mujer?

PARODIA DE LA MUJER POS-MODERNA

Una mujer como bien de uso o bien de cambio…

El escenario donde acontece esta historia por momentos, es el Monte Olimpo; universo para los griegos de una totalidad ordenada, dentro de la cual estaban tanto la naturaleza, como los dioses y los hombres.

Pero éste escenario que transcurre por lapsos, en el mundo de las deidades del paganismo, y en otros, por el paisaje en que se desarrolla cualquier historia contemporánea. Es el relato de la vida de una reina-diosa, su nombre es Nala Minerva mitad mujer, mitad animal o cosa del género femenino que sobresale entre las demás de su clase o especie.

Es una reina pues porta el nombre de la esposa de un monarca, de un Rey, por un lado. Y por otro, es una diosa pues su segundo nombre es Minerva o Palas (en griego Atenea) nacida de la frente de Júpiter.

La leyenda cuenta que, Júpiter (Zeus para los griegos), unido con Metis leyó en el libro del Destino que de ésta unión nacería una hija que sería superior en poder a su padre. Júpiter, como narra la mitología greco-romana, para evitar tal daño sepultó ya embarazada en sus entrañas a Metis. Quien personificaba la sabiduría y la prudencia; y Vulcano dio un martillazo en la frente al dios, provocando el nacimiento de Minerva.

Esta hija de Zeus fue colocada en el Monte Olimpo casi a la misma altura de los dioses. Minerva para los romanos era la diosa de la sabiduría, patrona de las investigaciones más profundas de la ciencia, es decir la inteligencia misma. La diosa-hija más querida del jefe del Olimpo.

No sólo condujo a Ulises en sus viajes, también enseñó a las hijas de Pandora a representar y “bordar” flores y combates en “las tapicerías”.
Protegió especialmente a la ciudad de Atenas.

Palas y Minerva (Atenea) era la misma divinidad para los griegos. En realidad, Palas hija de Tritón, había sido quien se encargó de su educación. Ambas ejercían el ejercicio de las armas.
Un día se desafiaron y si Júpiter no hubiese puesto la égida delante de su hija, ésta hubiera sido herida.
Pero en esa disputa, mientras, Palas retrocedía mirando el escudo. Minerva la mató.

Cuenta la leyenda que la diosa desesperada, arrepentida y muy apenada para encontrar consuelo mandó hacer una imagen de Palas, una égida sobre el pecho. Esta imagen o estatua fue más tarde el famoso Paladión de Troya. La Égida de Minerva era una cabeza de Meduza.

Mercurio para los romanos y Hermes para los griegos, fue hijo de Júpiter y Maya. Inventó las letras, los números, la geometría y la música. Fue una divinidad inventora. Poseía, además, el don de la palabra por eso se lo llamó dios de la elocuencia. También se lo adoró como el dios de los viajeros, y fue considerado asimismo, dios de las “ganancias y protector de las transacciones comerciales”.
Bajo su amparo estaban los mercaderes y además, presidía la venta y permuta de las mercancías.

La leyenda cuenta que en Roma al llegar el mes de mayo, los comerciantes organizaban festejos en honor a ésta divinidad protectora. Se lo presenta como a un joven arrogante, bello y pleno de vigor. Al mismo tiempo, para expresar su discreción se le colocaba un dedo sobre los labios, como pidiendo silencio.

La saga nos sitúa, ahora, en la vida posmoderna, la que reina en occidente con el capitalismo salvaje.
Un día Nala Minerva conoce a través de Baco, dios del vino, y de las fiestas a Hermes. Este dios es responsable que de éstas fiestas naciera el Teatro y los Carnavales. Las mismas, se celebraban en Roma en honor a Baco, eran de una licencia lujuriosa notable, haciéndose dueños de la ciudad.

Nala Minerva fue citada por Hermes pues éste deseaba poseer un testimonio que había sido del padre de la diosa. Ella era sabia y no desconfió de las buenas intenciones de Hermes. Además, ambos compartían la protección de Júpiter, Zeus en griego, soberano del Universo.

Pero Hermes a pesar de ser considerado el símbolo de la paz, tal vez, influenciado por las “dionisíacas” fiestas de Baco, celebradas en Atenas. Deseó poseer a la reina-diosa, olvidando así su pedido.
En la vida contemporánea llamaríamos a esto un affaire o deseo de tener un touch and go. La reina-diosa se sintió ofendida, y humillada por “el protector de las ganancias y transacciones comerciales”

¿Qué le ocurrió a Palas Atenea a pesar de su don de la sabiduría?
Pues bien, en nuestra vida posmoderna podríamos decir que ella se sintió como una mercancía, que en el capitalismo que impera se van rotando, no tienen por lo tanto un tiempo fijo. Un bien de cambio, en otras palabras una mujer humillada más que una reina-diosa. Y también, como un bien de uso, en el sentido que como reina-diosa portadora del testimonio de su padre aún tenía una duración, podía mantenerse en el tiempo.

Mercurio no parecía un Don Juan Tenorio como ocurría en la obra de Tirso de Molina. Nuestra reina-diosa se sintió inmersa en una comedia, como una actriz interpretando la obra del dramaturgo-comediante tan famoso. Su reinado y su divinidad cayeron para convertirse simplemente en una mujer de estos tiempos.

Por suerte divina, aún le quedaba el honor del testimonio de su padre, Zeus el soberano del Monte Olimpo. Cuyo legado del “Destino Griego” había sido servirse de éste, su padre, para luego prescindir de él. De algún modo, ir más allá de su propio padre.

Vemos como esta diosa-reina se convierte en una mujer mortal.
Sin olvidar que las mujeres son las inventoras de una técnica: la del trenzado y el tejido. (Palas Atenea enseñaba a bordar). Y que cada hombre en la actualidad, más que creerse un dios griego debería pensar que ellas, las mujeres, son excluidas de las masas, excluyéndose así lo heterogéneo. Pues ésta, lo heterogéneo, es la razón de que las mujeres sean las responsables de que se produzcan cambios.

Es un hecho que, como lo testimonia la historia, es de una preocupación constante de la Humanidad velar, cubrir a las mujeres. ¿Por qué se las cubre? Se las cubre porque LA MUJER no se puede descubrir.
De modo, que si un hombre la desea deberá inventarla.
Pues esos sujetos llamados mujeres, tienen una relación más esencial, y más próxima, con la nada.
Cuestión que algunos hombres respecto de ellas ignoran.