¿Cómo ser padres en la pos-modernidad?

Este escrito, tiene una finalidad, una propuesta: “que los mayores, autoridades, gobernantes, estado, contribuyan a sostener a las generaciones por venir” para un solo objetivo: que no es poco, juntos contribuir a un mundo mejor y nuevo.

Desde la pregunta que supone el título del escrito se desprende otra pregunta:
¿Cómo son los adolescentes en el Siglo XXI?

Primero la adolescencia hay que pensarla como un fenómeno cultural; antiguamente, la adolescencia, como proceso vital de la vida, no existía, es más en algunas culturas se pasaba de la niñez a la adultez.
Pero en las sociedades occidentales como la nuestra vemos como este momento de la vida aparece cada vez más precozmente y se extiende también cada vez más. Es necesario preguntarnos por qué éste fenómeno se produce no sólo en el mundo sino también, en especial, en nuestra sociedad.
Es importante decir que este proceso adolescente comienza con la maduración biológica sexual que aparece con la pubertad y comprende toda una serie de regresiones y
progresiones normativas para su desarrollo madurativo psicosexual. Es decir, el adolescente regresa a etapas anteriores psíquicamente hablando y progresa también hacia la adultez y esto es normativo pues es necesario que se dé, es esperable que transite por ese proceso que implica un tiempo de transición, de cambio, de crisis, de duelo y también de júbilo y creación.
Hay que situar que con la pubertad se dan no sólo cambios físicos sino también psíquicos que resignifican las relaciones que se han producido anteriormente, me refiero en especial a las relaciones (edípica) con sus padres, las relaciones infantiles.
El adolescente emprende un largo camino de separación, de desprendimiento de esas relaciones infantiles, con la paradoja que esto significa: pues al mismo tiempo, que renuncia a esos lazos infantiles, los necesita como modelos de identificación. Para lograr establecer nuevas relaciones fuera del seno familiar que le permitan acceder a la exogamia, al mundo social y convertirse poco a poco en un ser adulto.
Los cambios físicos que se dan con la maduración biológica irrumpen abruptamente y a veces de un modo intrusivo. La imagen de sí mismo se modifica todo el tiempo. Así vemos como se manifiestan torpes sin poder coordinar los movimientos.

“Es que el cuerpo infantil poco a poco se transforma”.

Todo este proceso de transición supone un proceso de duelo que es doble: porque debe renunciar a sus padres como objetos de amor erótico y por otro lado a los ideales forjados en la infancia, especialmente en relación al cuerpo; a veces su cuerpo real no tiene que ver con el que se había imaginado. También sus capacidades y habilidades pueden no ser las esperadas. (1)
El adolescente está creando una nueva generación, también una nueva cultura. Entonces, vemos aparecer la “confrontación generacional” de la nueva generación con la antigua, es decir, la de sus padres. Esta confrontación es normativa durante la adolescencia, pues es necesaria para que se dé su desarrollo madurativo, es necesario que éste conflicto generacional se atraviese.
Sin su atravesamiento, no hay “reestructuración psíquica”; lo cual es esencial para el crecimiento, no sólo del adolescente sino de la sociedad como un todo. El enfrentamiento generacional surge de la conflictiva edípica, es por eso que no existe crecimiento ni desprendimiento posible sino se atraviesa por los desfiladeros de la des-idealización de los padres. Estos procesos de desidealización se acompañan del apoderamiento de una dosis necesaria de odio y de agresión: “Para nacer es necesario romper el cascarón”.
Pero ¿cómo se posicionan los padres frente al desenlace de la conflictiva edípica y la confrontación? Pues bien, esta situación obliga a los padres a sostener una adecuada confrontación por parte de ellos como adultos, deben “sobrevivir” a estos ataques esperados sin abandonar ningún principio importante.
Esto permite que el atravesamiento de la confrontación no sea vivido con culpa sino que el adolescente pueda sentir que no los destruye sino que sólo los ataca para diferenciarse. Los padres no deben claudicar pues sino se obstruye el verdadero desarrollo adolescente.

“CRECER SIGNIFICA OCUPAR EL LUGAR DEL PADRE” (2)

Lo principal es que la adolescencia es algo más que pubertad física, implica crecimiento, que exige tiempo. Y mientras se encuentra en marcha el crecimiento, las figuras paternas deben hacerse cargo de la responsabilidad. Si abdican, los adolescentes tienen que saltar a una falsa madurez y pierden su máximo bien: la libertad para tener ideas y para actuar por impulso. Dice Winnicott: “que los adolescentes modifiquen la sociedad y enseñen a los adultos a ver el mundo en forma renovada: pero donde existe el desafío de un joven en crecimiento, que haya un adulto para encararlo”.
No es obligatorio que esto sea agradable para los adultos, ya que los adultos sufren un proceso de cambio, de crisis, de duelo con la adolescencia de su hijo. Generalmente coincide que mientras su hijo atraviesa este proceso, los padres están atravesando la crisis de la mitad de la vida. Esto implica una resignificación no sólo del momento actual de su vida y de la relación con sus hijos, sino también de su posición como hijo, de su lugar en la cadena generacional de la vida y de la muerte.

Entonces, volviendo a los puntos planteados en el camino:

  • ¿Cómo ser padres de adolescentes en la pos-modernidad?
  •  ¿Y por qué este momento de la vida aparece de modo más precoz y también cada vez se prolonga más?

Hay que situar en principio que el mundo está atravesando por una situación de cambio y de crisis social, de decadencia de valores: valores que en el pasado cobraban un sentido y en la actualidad ya no lo poseen; el mundo y la humanidad toda se encuentran ante el derrumbe de un orden social que regía en las sociedades occidentales como la nuestra.
Pregunto: ¿estos son los efectos de la pos-modernidad que algunos autores señalan como momento histórico que caracteriza estos tiempos? Es interesante situar el papel de los padres en estos tiempos y la actitud desafiante que aparece en los jóvenes de este momento. Sería necesario entonces, hacer un recorrido histórico para comprender lo que hoy llamamos “Globalización” y algunos autores prefieren llamar “Mundialización” pero lo dejo para otro encuentro. Quiero, sí, puntualizar someramente algunas cuestiones:
Partamos de una idea: en el Siglo XX Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, escribe un trabajo, que tiene plena vigencia en su obra, cuyo título es: “Tótem y Tabú” (3) en el cual realiza una investigación desde la Antropología y analiza el comportamiento de distintas tribus primitivas, especialmente australianas y articula estas ideas con las teorías de Darwin. Interesa comentar las conclusiones que se desprenden de Tótem y Tabú:
Freud habla allí de un “orden social” y cómo éste está regido por el lugar de un padre quien establece una ley simbólica: ésta prohíbe el incesto y el parricidio. Es así, como corrobora uno de sus grandes descubrimientos, en este caso el Complejo de Edipo. Mucho tiempo después un seguidor del padre del psicoanálisis, Jacques Lacan en un libro llamado “La Familia” (4) habló de la decadencia de este lugar del padre. Pues bien, así como “crecer significa ocupar el lugar del padre”, como afirmaba Winnicott ¿Cómo pensar este momento adolescente en que el lugar del padre está en decadencia?
La Globalización implica un nuevo orden social regido por las leyes que marca el Mercado. ¿Cómo pensar entonces, ese viejo orden social situado en relación al lugar de un padre?
Pues bien, ese lugar del padre, como autoridad hoy aparece sustituido por el Mercado y las leyes que lo rigen: La ley de la oferta y la demanda. El “tener” posibilita ser en el mundo contemporáneo sino el sujeto queda excluido, segregado. El consumo es lo que importa; hay que pensar aquí qué se consume cuando nos consumimos como sujetos en pos de tener.
Es de esperar que en la actualidad esa rebeldía adolescente, que marcaba la confrontación con los padres o sus sustitutos: Estado, sociedad, gobernantes, etc. En la actualidad aparezca en términos de desafío puro, desafío frente a otro perverso, otro como lugar de autoridad, de padre ausente. Per-verso, pues en lugar de proteger y propiciar, promete, ofrece pero a la vez excluye y margina. No importa que los mensajes carezcan de sentido, el sentido está puesto en los verbos: “vender y consumir”.
Entonces, cómo pensar el desafío adolescente en una sociedad que no ofrece oportunidades, ni proyectos de vida. En una Argentina que también transita la pos-modernidad pero en el marco paradójico de una Nación fracturada y empobrecida. Vemos así lo que dice Beatriz Sarlo, en su libro “Escenas de la vida posmoderna”: “…la indiferencia con que el Estado entrega al Mercado su gestión socio-cultural sin plantearse una política de contrapunto”. Freud afirmaba que el fuego implicaba desafío (fálico), pensemos en Cromañón.
Pues bien, este desafío de nuestros jóvenes puede leerse como protesta ante “una ley que no hay”, y esto pone en juego: ¿Dónde estamos los adultos, los mayores, los Jefes de estado, los jefes de gobierno, etc.?
¿Cómo ser padres de adolescentes en el Siglo XXI? Pues bien, asumiendo ese lugar de responsabilidad como adultos y “sobrevivir” a la confrontación generacional, sin abdicar y manteniendo nuestros principios hasta sus últimas consecuencias.
Para finalizar, la precoz adolescencia y su prolongación, también es consecuencia de lo que propone ésta sociedad de consumo, el ser adolescente habla de una nueva cultura, de acceder a otras posibilidades que se abren con la inserción social; los niños desean cada vez más pronto acceder a ese mundo juvenil que le propone, a través de los medios de comunicación, nuevas sensaciones, modas, etc. Las imágenes priman sobre las palabras. Pero la propuesta no es ser responsable de sus actos y convertirse en adultos sino permanecer en una eterna juventud, como ilusión y promesa para burlar la muerte. Cuestión ésta, inherente a nuestra condición humana, somos seres mortales, que ninguna cirugía plástica puede borrar.
Pero yendo un poco más allá, existe además en este tiempo, de crisis y transición, el predominio de “una voz” femenina que sobresale en la psicopatología de la vida cotidiana, como la anorexia, la bulimia, las adicciones, etc. Es notable como “es la madre” la que aparece no sólo como causa de dichas patologías sino además sustituyendo un lugar vacío, la ausencia del padre. Esta “voz femenina” es la que se impone en estos tiempos contemporáneos, pos-modernos. Concluyo, dejando esta última idea, para pensar este tiempo de la historia que nos toca vivir en el Siglo XXI.
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1. Blos, P., Psicoanálisis de la adolescencia. Ed. Joaquín Martiz – México.
2. Winnicott, D., “Realidad y Juego”, capítulo 11. Ed. Gedisa, Barcelona, febrero del 2008.
3. Freud, S., Tótem y Tabú. Obras Completas. Amorrortu Editores.
4. Lacan, J., La Familia. Editorial Argonauta. Biblioteca de Psicoanálisis.
5. Sarlo, B., Escenas de la vida posmoderna. Editorial Ariel.
6. Urribarri, R., Bibliografía general. Clases sobre latencia, pubertad y adolescencia dictadas en la Facultad de Psicología – Universidad de Buenos Aires.