¿Qué es un niño?

Otra pregunta que se articula a la primera es la siguiente:
¿Es posible pensar un niño sin pensar en un adulto?
Esta segunda interrogación nos lleva a situar que el lactante humano es desde su nacimiento un prematuro, es decir, fisiológicamente está inacabado.

Lacan nos dice que esta es una situación de desamparo, esto es que necesita de la presencia de otro que lo asista.
Sabemos que esta condición inherente al ser humano es el rasgo que lo distingue del animal.

Jacques Lacan en su lectura de Freud nos dice que esto es un hecho observable, que bien podemos encontrarlo en sus consideraciones sobre el narcisismo.
En su escrito “Introducción del narcisismo” (1), Freud parte de un supuesto: dice que las pulsiones auto eróticas son primordiales pero que el yo ha de constituirse, es decir, este yo tiene que desarrollarse.

¿Cómo piensa Lacan esta constitución del Yo?
Él nos va a decir que el niño entre los 6 y los 18 meses reconoce su imagen en el espejo y establece tres momentos:

• El primer momento implica captura y fascinación de la imagen.

• El segundo momento es de jubiloso ajetreo; aquí habría una primera diferencia entre el yo y el mundo exterior. Todo lo que se mueve es yo y por otro lado lo que permanece estático es no yo.

• En el tercer momento se produce la coagulación de la imagen, quedarse erecto, es decir, postura narcisista por excelencia (2).

Retomando la idea freudiana que este Yo tiene que desarrollarse, se puede decir que a partir del Estadio del Espejo es que este yo, aparece como no “unificado”; Lacan dice que es un desorden de identificaciones imaginarias.
Esto supone decir que la imagen especular es constitutiva del yo imaginario. Es decir, lo que en Freud puede leerse como Yo Ideal.
Puede leerse el siguiente enunciado: “His majesty the baby”, que tiene como correlato esta otra enunciación: “Su majestad el Yo”.

El niño necesita de la presencia de otro que lo asista, por su condición de prematuro. Este otro que desde la Carta 52 en la correspondencia de Freud con Fliess puede leerse en la siguiente frase:

“Los accesos de vértigo y de llanto están dirigidos a “éste otro”, pero sobre todo a “ese otro prehistórico” e inolvidable que nunca pudo llegar a ser igualado” (3).

¿A qué otro se refiere Freud sino a ese Otro primordial que desde la “Experiencia de satisfacción” puede pensarse como la madre?
Es aquí donde podemos distinguir en Lacan dos dimensiones:
La dimensión imaginaria que plantea una relación especular, es decir, la que sitúa
Freud formuló su diacronía en el Edipo, Lacan articuló su sincronía en la Metáfora Paterna.

Entonces hay dos momentos genéticos de importancia desigual de la incorporación de la estructura del lenguaje:

• Uno es el Estadio del Espejo.
• Y el otro el Juego del Fort-Da.

En “Más allá del principio de placer” (4), vemos de modo ilustrativo, como en la repetición del juego del Fort-Da, el niño logra tramitar el trauma, determinado por la ausencia de la madre, es ese “trocar” la pasividad del viviente con la actividad del jugar. Vemos aquí dos variables en juego: ausencia-presencia.

Jacques Lacan sitúa en el Seminario XI (5), lo siguiente: “…ese carrete no es la madre…es una pequeña cosa del sujeto que se separa aunque todavía perteneciéndole, todavía reteniéndolo” y más adelante continúa: “…es con su objeto que el niño salta las fronteras de su dominio transformando en pozo y empieza el encantamiento…
Si es cierto que el significante es la primera marca del sujeto, cómo no reconocer en este caso (por el sólo hecho de que el juego va acompañado por una de las primeras oposiciones en ser pronunciadas) que en el objeto al que esta oposición se aplica en acto, en el carrete, en él hemos de designar al sujeto. A este objeto, ulteriormente, le daremos su nombre en álgebra lacaniana, la (a) minúscula”.

Es desde esta cita que podemos decir que este juego muestra cómo se produce un cambio de posición subjetiva o sea el pasaje del objeto (a) – sujeto. En tanto, intenta ligar lo traumático de una ausencia en oposición a una presencia, instaurándose así el orden simbólico.

Finalmente, es así, como vemos en el juego de los niños y en sus producciones artísticas como existen medios suficientes para convertir en objeto de recuerdo y elaboración psíquica lo que en sí mismo es displacen tero.

UN EJEMPLO FIGURATIVO:

REALIDAD

Me tapas mi cuerpo entre tules y sedas.
Me pones una colcha de espuma
Para que no me lastime.
Ocultas tus lágrimas
detrás de una flor
para perfumarme la sonrisa.
Me tienes como a una reina
que justo es lo que nadie merece.
Te piensas que a mí, por ser tuya,
debes protegerme a toda costa.
No te equivoques
ni me entregues tú vida.
No soy más que tú pequeña niña
feliz por tener la dulzura de tú amor.

Florencia (10 años)

No podemos menos que maravillarnos por la separación que establece esta niña en la relación con su madre, por la posición subjetiva que la marca como pequeña niña feliz con el amor de su madre y no con la entrega de la vida de ésta.

“Al niño no se lo puede curar de la presencia de sus padres, sólo podrá ubicarse de manera diferente frente a la pregunta de la castración y el deseo del Otro” (6).

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1. Freud, S., “Introducción del Narcisismo”. Obras Completas. Amorrortu Editores.
2. Lacan, J., “El estadio del espejo como formador de la función del yo (ye) tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica”. Escritos I. Editorial Siglo XXI.
3. Freud, S., “Fragmentos de la correspondencia con Fliess (1950 (1892-99). Obras Completas. Amorrortu Editores.
4. Freud, S,. “Más allá del principio de placer”. Obras Completas. Amorrortu Editores.
5. Lacan, J., Seminario XI. Editorial Paidós.
6. Laurent, Eric.

• Este trabajo fue presentado en la Institución Psicoanalítica CENTRO 2 en unas reuniones clínicas en las que expuso el Equipo de consultorios externos de niños y adolescentes del cual fui integrante.(1994-95)