¿Qué se puede transmitir de una práctica clínica?
Una segunda pregunta que sucede al subtítulo: ¿es posible la enseñanza de la práctica clínica?
Otra pregunta: ¿de qué práctica hablamos? esta interrogación nos lleva a delimitar el campo del que se habla, en este caso la práctica psicoanalítica, práctica que opera por las vías de la palabra en el campo del lenguaje.
Las implicancias de una práctica psicoanalítica suponen definir en principio dicha práctica como el ejercicio de una operatoria lógica.
Esta operación lógica ¿es posible transmitirla?
En psicoanálisis aquello que se puede transmitir no es un saber, es un “estilo, es ética”.
El psicoanalista y escritor Germán Leopoldo García dice al respecto: “tenemos por un lado, Decir bien; la estética.
Por otro lado, Bien decir:” LA ÉTICA”.
¿QUÉ ES EL ESTILO?
Una definición: punzón con que escribían los antiguos.
Otra: manera de escribir o hablar peculiar de un escritor u orador.
Otra desde la botánica: parte del pistilo, que sostiene el estigma.
Pistilo: órgano femenino de la flor.
Estigma: marca, huella sobrenatural en el cuerpo de algunos santos.
En botánica recibe el nombre de pistilo también, el GINECEO, del griego GYNE que significa la mujer y DYKOS: que es casa.
Gineceo es el cuarto ciclo femenino de la flor. Este puede estar formado por uno o varios “carpelos” así descripto puede tener la forma de una pequeña botella.
En las flores, ese receptáculo se ahueca, como una copa. En el proceso de fecundación el polen se adhiere al estigma.
Pues bien, las flores cautivan con la hermosura de sus colores y con la perfecta arquitectura de sus partes. Sin embargo, si se permite una alegoría, hay algo en la belleza de las flores que parece tener que ver con una suerte de vacío, de HUECO, que hace marca, en su ciclo reproductor.
“Entonces, se podría decir que el estilo, desde la botánica, une el sexo con el estigma”.
EL ESTILO ES EL LUGAR DONDE SE PUEDE LEER, LO QUE SE ESTIGMATIZA DEL SEXO, SU MÁS PROFUNDA MARCA. (Esta es una posible interpretación de lo que alegóricamente hallamos en botánica).
Lacan en “El psicoanálisis y su enseñanza” (1) dice que la “verdad” del inconsciente debe situarse “entre líneas”, que Freud en la pulsión de muerte se interroga sobre el soporte de la verdad…”; he interroga a los filósofos con ésta pregunta: “¿Qué es, a su juicio, “ese algo” que el análisis nos enseña que le es propio o lo más propio,” propio verdaderamente”…y concluye diciendo que todo “retorno a Freud” que materialice una enseñanza se producirá únicamente “ por la vía por la que la verdad más escondida se manifieste” en las revoluciones de la cultura. Esta vía es la única formación que podemos pretender transmitir. Se llama ESTILO.
Pues bien, el estilo en psicoanálisis se aparta del DECIR BIEN, no es el DECIR BELLO, apunta a un BIEN DECIR que puede ser rechazado incluso por quién allí articula una verdad, un ejemplo de este rechazo lo encontramos en el artículo de Freud, “La Negación”, en donde el analizante dice su enunciado: “No, no es mi madre”, y el analista interpreta la enunciación, o sea que lo que se pone en juego allí es la vertiente ética, la del discurso del analista, es decir, deseo del analista, que no es el deseo de ninguna persona.
Otro ejemplo, de otro analista: (*)
Analizante: se quejaba porque tenía que pagar unas sesiones a las que no fue, la queja era porque creía que era injusto.
Analista: ¿qué asocia con injusto?
Analizante: y si es injusto, que tipo de contrato es ese, es un tipo de contrato muy malo.
Analista: ¿quién es el tipo con muy mal trato?
Analizante: (se sonríe) y sí, Esteban me trata injustamente (novio).
Vemos, en el ejemplo, como el estilo está determinando el lugar en la enunciación, en este sentido apunta a la verdad del sujeto.
Entonces, el estilo está determinado por un objeto en tanto falta, tal vez por eso aparece tan entrañable como ajeno.
No tiene nada que ver con la “expresión”, es decir, con la declaración de algo para que se entienda.
La erudición como instrucción en varias ciencias o artes o como lectura variada, Docta, a veces puede ser un síntoma, pero Lacan habló de la DOCTA IGNORANCIA.
¿Qué es la DOCTA IGNORANCIA?, expresión de Nicolás de Cusa (2), filósofo del Siglo XIII, vinculado con la tradición neoplatónica, agustiniana y mística de la Edad Media, sin embargo, su pensamiento se expresa de un modo nuevo, moderno o pre-moderno. Le interesaba dos cosas en especial, el conocimiento o el acceso a la realidad y la naturaleza de Dios en su relación al mundo.
Será el primero que sitúe la noción del infinito, noción que tendrá sus consecuencias para el comienzo de la ciencia moderna.
En relación al entendimiento de esa noción de infinito, que sitúa en Dios; el hombre, nos dice de Cusa: “debe conformarse con la “ignorancia”; ignorancia que resulta del conocimiento de las limitaciones del entendimiento humano”
“Se trata de un límite al entendimiento humano” esto es lo que llamará DOCTA IGNORANCIA y lo ubicará como el SABER más elevado al que puede acceder el hombre.
Jacques Lacan dice que cuando un sujeto se compromete en la búsqueda de la verdad (3) como tal, es porque se sitúa en la dimensión de la ignorancia.
Pues bien, es necesario también considerar la ignorancia en el analista, la posición del analista debe ser la de una IGNORANCIA DOCTA, que no quiere decir sabia. Lacan dice que es grande la tentación de transformar la IGNORANCIA DOCTA en lo que llamó IGNORANCIA DOCENS.
Es decir, el analista no tiene que guiar al sujeto hacia un saber, sino hacia “las vías de acceso a ese saber”, mostrarle que habla mal, es decir, que habla sin saber, como un ignorante.
El psicoanalista Germán L. García dice: “ignorar lo imposible de saber no es ser ignorante”, en tanto esta imposibilidad alude a lo real del objeto.
¿Cómo pensar entonces la práctica clínica en psicoanálisis, en términos de enseñanza?
Parecería ser que la posible enseñanza de dicha práctica supone la producción de un saber, pero no un saber en el sentido del conocimiento, o de la comprensión sino del saber puesto a trabajar, y esto no es otra cosa que la instauración de una pregunta.
Interrogación ésta, que alude más a una lógica que a una sintaxis, más al significante que al registro de la significación.
Intentar transmitir algo de este saber que se pone en juego en la dirección de la cura, supone entonces una posición ética del lado del analista, posición ésta en la que se denote el “bien decir”, manifestándose así lo que Lacan llamó la posición “insostenible” del psicoanalista.
En la tarea que durante años, realizamos en el Equipo de Adultos del Centro de Salud Mental N° 2, de San Telmo, perteneciente al Hospital Argerich, con alumnos de la Facultad de Psicología de la UBA y de la Universidad Kennedy, vimos como del lado de aquel que es convocado a presenciar una entrevista de admisión, se abre una pregunta sobre el “cómo hacer”, suponiéndole al analista un saber.
Pero éste saber del analista lejos de asegurar una significación posible que responda a la pregunta sobre el cómo hacer, lo confronta con la imposibilidad de la respuesta.
Si algún efecto de transmisión, en la enseñanza de ésta práctica a la que se convocaba a los alumnos se producía, era la de la imposibilidad del aprendizaje de la clínica psicoanalítica.
Ya lo dijo el viejo Freud en “Análisis terminable e interminable”:
“¿Dónde y cómo adquirirá el pobre diablo aquella aptitud ideal que le hace falta en su profesión?
La respuesta rezará: en el análisis propio, con el que comienza su preparación para su actividad futura”. (4)
——————————
1. Lacan, J., “El psicoanálisis y su enseñanza”, Escrito I. Editorial Siglo XXI.
2. Koyré, A., “El pensamiento moderno”, Estudios de la historia del pensamiento científico. Editorial Siglo XXI.
3. Lacan, J., “El concepto del análisis”, Seminario I. Editorial Paidós.
4. Freud, S., “Análisis terminable e interminable” (1937). Obras Completas. Amorrortu Editores.
(*) El ejemplo es del psicoanalista Osvaldo Rodríguez.
Este trabajo fue presentado en unas jornadas de psicoanálisis de la Universidad Kennedy.
Y en unas jornadas psicoanalíticas del Seminario Lacaniano. (1992)